Cocinar suele ser cuestión de gustos, así que cometen errores incluso los chefs más experimentados. Uno de los más comunes es una sopa demasiado cocida, que puede arruinar al instante el sabor de un plato que, de otro modo, sería excelente. Muchas personas en esta situación se dan por vencidas o empiezan a diluir la sopa con agua, lo que a menudo debilita su sabor. La solución es el truco de la patata.
Unido21 de diciembre de 2019
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Busco algo positivo en todo y en todos, porque todo no es solo blanco y negro, hay muchos tonos de arcoíris en el medio. Escribo, tomo fotos, viajo, disfruto la vida a mi manera.
¿Qué elegirías? ¿Tres amigos cercanos o cincuenta conocidos en redes sociales? ¿Una tarde tranquila en casa con un libro o una fiesta donde nadie sabe por qué están allí? ¿Cinco personas que acuden en tu ayuda en momentos de necesidad o cien personas que desaparecen en cuanto la situación se agrava? ¡Las personas inteligentes eligen la primera opción para cada respuesta!
A simple vista, un matrimonio puede parecer perfectamente estable, pero en realidad, las decisiones sobre su fin suelen tardar mucho tiempo en tomarse. Rara vez se toma una decisión tan importante de forma impulsiva. Suele desencadenarse en un momento en que el ritmo diario cambia repentinamente y la relación se ve sometida a mayor presión. Y entonces llega el divorcio.
Abres tu armario y ahí está: cincuenta camisas, treinta pantalones, veinte chaquetas. Ropa que no has usado en años, pero que no puedes tirar porque "quizás aún me quede". Cada mañana te encuentras frente a un armario lleno y sientes que no tienes nada que ponerte. La paradoja de la sobreabundancia. La solución es radical en su simplicidad: Proyecto 333: 33 prendas para los próximos 3 meses.
Un hombre. Carismático, inteligente, interesante. Pero en cuanto a emociones, es como intentar abrazar la niebla. Está ahí todo el tiempo que le conviene. Desaparece durante días sin avisar. Dice lo justo para engancharte, pero nunca lo suficiente para hacerte sentir segura. Es un hombre emocionalmente inaccesible.
El despertador suena a las cinco de la mañana. Mientras la mayoría de la gente pulsa el botón de su reloj y se da la vuelta, los emprendedores exitosos ya están despiertos. No están mirando el móvil. No están revisando el correo. No van corriendo al trabajo con un café en la mano. La primera hora de su día es una rutina que consideran la más importante. Y cuando descubres lo que hacen en esos sesenta minutos, entiendes por qué triunfan.
Siempre estás disponible. Un compañero de trabajo necesita ayuda con un proyecto aunque estés abrumado de trabajo. Un amigo necesita que lo lleves aunque habías planeado una noche tranquila en casa. Un familiar espera que organices una fiesta aunque nadie te lo haya pedido. Y dices que sí casi siempre. No porque realmente quieras, sino porque parece que es lo que se espera de ti.
¿Cómo superar a un ex? La primera semana estás en shock. La segunda, la ira te invade. La tercera, te despiertas y por un instante olvidas que pasó. Luego lo recuerdas y el dolor vuelve a estar ahí, tan fresco como el primer día. Nadie te dijo que superar una ruptura sería en oleadas, no en línea recta. Nadie te dijo que tendrías días buenos y días malos, y que eso era completamente normal.
Están sentados tomando un café, charlando, todo suena bien. Las palabras son amables, la sonrisa está presente, el ambiente es relajado. Pero algo anda mal. No sabes exactamente qué, pero sientes que el interés no es mutuo. Entonces notas que sus piernas están cruzadas lejos de ti. No en tu basura, sino lejos. No es casualidad. Es una señal consciente, aunque inconsciente, de que la persona ya está buscando una salida.
Miras la pantalla de una computadora ocho horas al día. Luego, antes de dormir, miras tu teléfono, o quizás una tableta. Esto suma entre diez y doce horas de exposición a la luz azul al día. La luz azul que emiten las pantallas digitales puede degradar el colágeno y acelerar el envejecimiento de la piel de forma comparable a la luz ultravioleta.
Te miras al espejo por la mañana y ahí están de nuevo. Las ojeras que te hacen parecer que no has dormido en una semana. Aunque en realidad dormiste siete horas. Te pones la crema para ojos cara que compraste con la promesa de que las eliminaría milagrosamente. Tres semanas después, siguen ahí.
Todos conocemos ese momento desagradable. Acabas de salir de la ducha, agarras la toalla y... ese olor. El olor a humedad, a humedad, a algo que definitivamente no debería estar en nuestra rutina de baño. El problema de las toallas con mal olor es más común de lo que creemos, y la solución está donde la mayoría ni siquiera busca: en el suavizante.











