Te fuiste cuando el mundo se sumió en el silencio y la oscuridad. Te marchaste justo cuando más necesitaba cercanía. ¿Por qué? La pregunta no tiene respuestas inmediatas, pero abre un espacio para la reflexión. Este espacio estuvo vacío durante mucho tiempo, pero fue en este vacío donde comenzó algo nuevo. De la ausencia, nació la fuerza. Del silencio, se formó una voz. Del abandono, emergió una independencia que hoy no necesita confirmación externa.
No estabas allí cuando el miedo me paralizó y cuando las noches eran más largas que los días. Fue entonces cuando comprendí por primera vez lo fuerte que puede ser la oscuridad cuando no hay nadie que la silencie. Me quedé solo con mis pensamientos, con la inquietud y el sonido de...preguntas sin respuestasPero fue en este silencio que ocurrió algo crucial. Porque me dejaste solo con la oscuridad, aprendí a caminar sin tu mapa.
Aprendí a escuchar mis propios pasos, confiar en el propio juicio y encontrar mi camino sin la guía de otros. La soledad no fue un regalo, pero fue una maestra que no conoció la piedad. No me consoló, no facilitó mi camino, pero me moldeó.

Sólo podía confiar en mí mismo.
Cuando necesité una mano que me tendiera, no la encontré. En cambio, me vi obligada a buscar apoyo dentro de mí misma, donde antes no lo había conocido ni deseado. El dolor que lo acompañaba no desapareció de la noche a la mañana. Fue persistente, silencioso y exigente, pero me enseñó algo esencial: cómo calmarme sin el consuelo de los demás y Cómo curar heridas sin promesas externas.
Este proceso no fue rápido, pero sí confiable. De la impotencia, nació lentamente. estabilidad internaMe di cuenta de que el poder no siempre es ruidoso y que la mayoría de las veces nace donde no hay nadie que pueda reemplazarlo.
El egoísmo era tu otro nombre
No estuviste ahí cuando yo luchaba, pero tu ausencia me mostró la verdad sobre ti. Me revelaste con qué frecuencia... Sólo ves tus propias necesidades Y cuán pocas veces comprendes el dolor que no has experimentado. Esta constatación no fue fácil, pero fue necesaria.

Me enseñó a distinguir entre palabras vacías y acciones reales, entre promesas y presencia. Me enseñó a construir relaciones sobre bases sólidas, sin ilusiones y sin la necesidad de demostrar mi valía a quienes no están listos para verla.
El silencio se convirtió en el camino
Cuando no pude confiar en ti, aprendí confiar en uno mismoBusqué respuestas en mi interior, resolviendo acertijos sin ayuda. No desapareciste de mi historia, pero sin querer le diste profundidad. Me enseñaste todo bien sin mostrarme nada.
Encontré claridad en el silencio. Aprendí a distinguir entre el ruido y la esencia, entre lo que duele y lo que curaEl silencio no estaba vacío, era un espacio en el que finalmente podía escucharme.

Dejé de esperar. Dejé de creer que alguien más vendría y lo haría. orden en mi caos.
Desde entonces sé algo muy simple: quién se queda cuando no es fácil y quién desaparece cuando la cosa se pone seria. Este conocimiento no se lee en un libro, ni nadie puede susurrártelo. Solo se adquiere con la experiencia.
Hoy ya no busco validación, explicaciones ni disculpas. Solo busco presencia. Y si no la hay, sigo adelante.
Del vacío surgió la fuerza. Del dolor, la comprensión. Y de la pérdida, algo permanente: un yo diferente.






